corte
discontinuo
pasa por partes
(no) deja de pasar, el no indica el sujeto de enunciación
la caída del dejar
ensayar la escritura
El cautiverio de la imagen
El filósofo/escritor venía a darnos noticias de su Obra. Y digo notcias porque su literatura o al menos lo que él pensaba de ella, era eso, pruebas mejor o peores de la sobrevivencia de la Obra. Después de publicar se lo veía cansado y triste. Parecía no haber estado a la altura de una exigencia demasiado grande. Escribir era exponerse a algo que jamás iba a estar preparado del todo. Pero al ser el único testigo de la Obra, su trabajo era al menos imprescindible. Debía haber, y los había, escritores que seguramente pudieran ser más justos con ella. Volverla más accesible, por ejemplo. El Escritor no dejaba de reprocharse lo intrincado de su escritura. En sus primeros escritos el exceso de adjetivación volvía todo tan barroco que como en las columnas de algunas construcciones, uno mirándolas no comprende si en realidad no son los adornos los que sostienen la columna y el edificio entero.
Parte de la guerra / LETRAS DE GUERRA
(En el escenario hay sólo una puerta pintada con graffitis y la madera con moretones hinchados por los golpes.)
HIJO
De niño, un día mi madre cerró su habitación con llave. Me explicó que iba en busca de mi padre, o sea a la guerra. Que Él me necesitaba más que yo, me dijo. Más que yo. Puso en mi mano las llaves de la casa, excepto la de su habitación. Intentó cerrar mi puño para ocultarlas, pero mi mano era demasiado pequeña para perderlas a la vista.
Dijo que se iba pero me dejaba lo mejor de ella, su ausencia eterna. Un agujero tan grande que nada iba a poder colmarlo. Me prometió que jamás regresaría, que aunque no pudiese más del dolor se prohibiría volver. Encima de irse, no iba a aceptar volver a dañarme rompiendo la promesa de su ausencia eterna. Se condenaba sola al exilio.
(toca una canción)
(le pega una patada a la parte de abajo y la rompe. a contraluz)
HIJO
De niño, un día mi madre cerró su habitación con llave. Me explicó que iba en busca de mi padre, o sea a la guerra. Que Él me necesitaba más que yo, me dijo. Más que yo. Puso en mi mano las llaves de la casa, excepto la de su habitación. Intentó cerrar mi puño para ocultarlas, pero mi mano era demasiado pequeña para perderlas a la vista.
Dijo que se iba pero me dejaba lo mejor de ella, su ausencia eterna. Un agujero tan grande que nada iba a poder colmarlo. Me prometió que jamás regresaría, que aunque no pudiese más del dolor se prohibiría volver. Encima de irse, no iba a aceptar volver a dañarme rompiendo la promesa de su ausencia eterna. Se condenaba sola al exilio.
(toca una canción)
(le pega una patada a la parte de abajo y la rompe. a contraluz)
final. abre la puerta y se va.
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