ensayar la escritura

El cautiverio de la imagen

retrato del artista

Decía que la Gioconda pasaba a un metro y medio de distancia. Allí se dejaba de verla, la obra te miraba. El temor que su mirada producía cegaba la visión. Un artista en sus cuardros no podía dejar de pintar una sola cosa: su mirada. Que es como querer ver lo imposible: la mirada propia. Otro modo de ser Dios. Por ello, muchos artistas rápidamente abandonan el realismo. Para cualquiera es evidente que en los objetos del mundo exterior no es posible hallar su mirada. Como las pinturas en última instancia no dejan de ser un objeto del mundo exterior, la satisfacción será incompleta. La mirada no está en los ojos. Tampoco en el cuadro. La mirada es lo que pasa. Y para que pase necesita estar bordeada. Todo artista sabe que si pinta la mirada, pinta el mundo. Porque todo pasa en ella. Por supuesto que el mundo no cabe en ella, ella pasa dijimos. Es inasible. Abre el mundo para que suceda lo visible.

La obra

Abajo, los Obreros descargan bolsas de Portland del camión. Desde la ventana, el Patrón/el Modelo/Dueño siente envidia ineludible por esos cuerpos. Hay algo del Gimnasio, de ese ejercicio al que se entrega con religiosidad todas las mañanas que resulta insuficiente. Estimulado sólo por la persecusión de una imagen de sí mismo bella, falsea la actividad. La vuelve insincera. A diferencia de los deportistas con los que comparte la Sala de Máquinas, su trabajo muscular no está consagrado a ningún deporte. Es fácil reconocer en alguien que entrega la mayor parte de la Rutina a las máquinas para cuádriceps y gemelos, a un futbolista por ejemplo. Y en su caso, el trabajo que realiza en el Gimnasio sólo se realiza verdaderamente cuando juega al fútbol. Es otra actividad la que vuelve justificada esa hora y media de ejercicio. Por eso el Dueño, de alguna manera los desprecia. El Gimnasio para ellos no es un fin en sí mismo. Su verdad es subsidiaria. Y tiene razón. Aunque de algún modo, el Dueño también podría ser juzgado por lo mismo. Él consagra ese trabajo al embellecimiento de su Imagen. Acercar su imagen a la imagen que le propone su Ideal. Una tarea imposible. El Deporte de la Imagen.

***

Piensa en eso, y en lo Otro.

***

Verlo de buen humor, es más difícil que matar a un muerto.

***

Sólo en un pueblo chico pudo gestar en un hombre semejante delirio de grandeza.


El hijo de Cassavettes

CAUTIVERIO DE LA IMAGEN

Escenario con tachos, pantallas.
El joven Fotógrafo y la A ctriz.

Él quería vos fueras el niño terrible que él había sido. Y sin embargo, para vengarte quizás, saliste tan mansito. Nada parece afectarte, sos hermético.

Arman escenas de películas. Él hace de su Padre. Hacen la escena, así nos conocimos.
Hacen partes de las películas.
Ella trae el guión de sus películas. Ya no la conoce nadie. No es nadie.

Yo te pude haber tenido a vos.




El Representante era hijo. Sería equivocado decir que su Padre había sido un actor y director de cine. Su Padre, para los demás seguía siendo el conocido Director y Actor.


El había transformado su Obra en un éxito. O el éxito había trasnformado su Obra en exitosa, y a él en una Celebrity. A pesar de que muchas veces se lo oía decir que seguía siendo el mismo, su realidad había cambiado. Y él con ella. La fama había articulado como una neblina a su alrededor, que le resultaba imposible saber qué pasaba detrás de ella. Se había apartado del mundo desplegando y creyendo en los elementos que le proponía su locura. Pero ahora que los demás creían en ella, mucho más que él, sentía que era extranjero en todas partes. Ya no tenía referente. Por ello quizás, en algún momento quiso volver a conectar con lo cotidiano. Sin embargo, siendo una Celebrity ese camino le había quedado vedado. Entendió que haciendo películas se había metido en cuarto y había olvidado la llave del otro lado de la puerta.



¿Cuánto olvido cabe en una laguna?

***

Él se creía Dios. Y es como en las fotos para verlo todo, hay que enceguecer un instante. Él capturaba las luces de los demás, como la cámara. Antes de ponerse detrás de una cámara, él ya vivía en esa sombra. Cuando empezó a filmar lo único que hizo fue localizar esa sombra en un el lugar de un oficio: director de cine.

Dieta del odio

No tiene cara de tener pocos amigos, tiene cara de tener ninguno. Nada en él sugiere la amistad o conduce a la simpatía, al chiste. Es alto, de altura seria. Camina erguido y sin trastabillar. Es cierto que es callado. Reacio a la palabra como aún dice su ex. Pero no por callar cosas, sino porque como se ve aunque no se lo entienda, guarda mucho silencio. A veces, siente que está adentro de ese silencio y que casi no hay lugar para él ahí. Esto que se ve de él, le resulta muy útil en el trabajo. Su lugar de jefe.




Cena canival.
Sonríe. Por primera vez, oye el silencio que lo acompaña desde hace años, el silencio que es hace años. El silencio que empieza a hablar es el odio. Un odio inmemorial, prehistórico. Apenas si le pertenece.

Historia del silencio

Un día el Filósofo decidió abandonar la Academia, abdicar como un rey de sus títulos nobiliarios y renunciar al modesto sueldo de empleado estatal. Si bien era quizás la decisión más radical que en su vida jamás había tomado, ese día a la tarde frente al Decano la ofreció como quien da un vuelto. EL vuelto era en este caso, entregar su cargo a otro Docente. El motivo que ofreció fue, digamos, oscuro o demasiado simple. Cuando muchos años atrás, veinte, el Filósofo había aceptado incorporarse al Cuerpo Docente de la Casa de Estudios, lo había hecho bajo el modo de una promesa o juramento. Él debería iluminar a los alumnos. Su función sería esclarecer esas conciencias, curarlas de su ignorancia, despejar sus ingenuidades. Entre otras cosas. Sin embargo, últimamente había comprendido que cada vez su Enseñanza lo llevaba hacia el camino contario. A partir de algùn moomento, había empezado a oscurecer su Palabra. A volverla cada vez más intrincada, agregarle más recovecos ya adornos. Su Enseñanza, como le dijo aquella tarde al Decano, más que un camino al encuentro del saber, era un verdadero camino a su Extravío. Y si algo de eso era cierto, el Filósofo debía aceptar la pérdida. Que en este caso era la de su puesto. El Decano después de escucharlo, comprendió que no había venido a pedirle una respuesta. Había venido para algo mucho peor, alojarle una pregunta. Y eso para alguien soberbio como él, solucionaba las cosas. Aceptó la renuncia sin más, y dijo sin entusiasmo una frase que daba por concluído el trámite. Las puertas de esta Casa estarán siempre abiertas para que vuelva. Bajando las escaleras, el Filósofo supo que de allí en más todas las puertas que se abrieran serían para irse.

***

Sólo se puede ser torpe al pretender hablar del pensamiento del Filósofo. Porque como se dijo, él estaba en el pensamiento. Y de ese modo había modificado esencialmente la experiencia de pensar. La había extendido o replegado de tal modo que no se podía distinguir de lo que él era. La dificultad es que no podemos servir de las palabras que para otros suelen dar cuenta de la experiencia del pensamiento. Concepto o idea, por ejemplo. Se daban de un modo tan particular en el Filósofo. Y sin embargo no hay otra palabra para referirse a ellas. Digamos que había fisiologizado las Ideas, y de algún modo el andar de ellas era su metabolismo. Hablaba de pensar como una actividad aeróbica, y del modo en que debía fisicarse la matafísica. Hablaba mucho de imantaciones. Imantaciones. Cuando se le aparecía una palabra que por algun motivo se separaba de la madeja, del murmullo incesante que era el resto, las demás venían a rodearla. La circunbalaban y hacían crecer el torbellino. Y así alguna de esas palabras que participaba del remolineo, ganaba protagonismo y arrastraba el enrosque a otra parte.

***


Como le confesó alguna vez a un Discípulo, el Filósofo no podía parar. Lo asustaba estar cada vez más inmerso en la Comprensión. Estaba comprendido por su pensamiento. Todo lo que aparecía ingresaba en ese incesante movimiento. Y a medida que estaba más implicado en él, era cada vez más veloz. Tan era así, que sentía que ya confundía lo sensible de l. Rozaba casi el momento de aparecer del fenómeno. Entre los Discípulos sostenían que la actividad de su pensamiento había logrado inteligizar lo sensible, o lo que era lo mismo, sensibilizar lo inteligible. A ese movimiento, que no era distinto a sus demás actividades cotidianas como respirar, comer, ir al baño, era lo que entendía por Concepto.

***

Leerlo era oírlo respirar. Por eso el último tiempo, en la etapa en que los Discípulos convinieron en llamar del soplo, ellos sospechaban que sus soplidos eran el eco de alguna palabra. Para que una historia se cuente, sólo hace falta alguien que sospeche de ella. El trabajo de rastrearla era casi imposible, pero no por ello menos placentero.
Por ello su sintaxis era tan especial. Sus puntuaciones iban arriando su decir, casi no había cortes. Se expandía y replegaba. No tenía comienzo ni fin, estaba empezada y había que acoplarse a ella para empezar a entenderlo.

***

Decía que el Filósofo era contradictorio. Y realmente lo era. Cuando aceptó la idea del obsequio que los Discípulos querían hacerle, ninguno de ellos hubiera imaginado que lo que precisaba era un aire acondicionado. Lo que podía ser leído como un síntoma de vejez, en su caso era de Juventud. La vejez se declara en algunas personas, no tanto para ellas sino para quienes los rodean, en una agudización de la sensibilidad a la temperatura. La percepción paranoica de proliferación de corrientes de aire, por ejemplo. Y con ello aumenta el interés que en algunos casos es casi una dependencia, por las variaciones del clima o tiempo, como curiosamente se le suele dice. Resulta exagerado o poco creíble para los demás, que esas variaciones que se producen tan alejadas de los hombres, afecten de modo tan directo a estos individuos. Y en el caso de que sea cierto, esa agudización sensible parece estar relacionada más con una debilidad que una fortaleza.
En el Filósofo, como muchas otras cosas, esto se daba de un modo particular. Su casa era una heladera. Más que bajar al sótano, se tenía la sensación de que se subía a la cima de una montaña. Durante todo el año, mantenía el artefacto encendido para conservar el frío. El aire frío y destemplado invitaba al abrigo y a la bebida caliente. Aún en verano los Discípulos debían llevar alguna prenda invernal para sobrevivir allí. En cambio, al Filósofo rara vez no se lo veía en magna de camisa y short. Vestía prendas deportivas y zapatillas de treking. Algo raro a su edad. Parecía siempre estar a punto de realizar algún deporte, o prepararse para una larga caminata.

***

Desayunaba mate con galletitas agridulces.
Almorzaba mate con galletitas agridulces.
Merendaba mate con galletitas agridulces.
Y cenaba lo mismo.

***

Cuando la muerte lo alcanzó, un día cualquiera,

***

La actualidad del Filósofo, como todo en él, era rara. Para él seguían pasando cosas que para el resto había terminado. Por ejemplo, decía que aún escuchaba las bombas cayendo en plaza de Mayo. O se lamentaba cosas que para el resto aún no habían llegado.

***


Su silencio le dio la palabra a sus Discípulos. Muchos de ellos, mejor o peor, vivieron de la comercialización de esos textos.

***

Un día abandonó la actividad frenética de la escritura. Sólo ofrecería su Palabra en las Reuniones. Por ello lo que hoy podemos leer de él, son sólo apuntes de sus Discípulos. Creía que así su pensamiento no moriría nunca. Ni bien aparecía en el mundo, era de otro. Su Palabra estaba mediada desde el comienzo por sus Discípulos.

Esa fue su política de la Palabra.
***


Muchos quisieron organizar su discurso en algún libro. Motivos no faltaban. Para el aprendizaje sería didácticamente muy útil. Le podría ingresar algún dinero también.

***

El Filósofo había abandonado el Argumento.


***

Había cesado en muchas cosas, se había separado por ejemplo. Pero en él la separación fue más bien un acercamiento. Ahora estaba más cerca de lo que quería, de lo que había querido siempre. Más cerca de sus alumnos, de sus libros, casi no tenía necesidad de salir de su casa.

***

En el lecho del río hay al menos dos tipos de piedras. Lo que distingue una de otra es cómo se comportan con respecto a la promesa de mar. Las hay que confían en la propuesta de la Corriente. Su movimiento es tan contundente que a veces las piedras la confunden con el río. Entregan sus propias posibilidades de traslado al arbitrio de la Corriente. Cualquiera entiende las ventajas de dejarse arrastrar. Quién sino ella sabrá conducirlas al mar.

En cambio, hay otras piedras que en algún momento se independizan de aquel moviemiento. Su desprendimiento suele ser angustioso, y demorarlas durante meses en la quietud. Aventajada por las piedras con las cuales compartía el curso del río, está condenada a la soledad. Ve alejarse con ellas la proximidad del mar. Siente que su consistencia se espesa, como si pudiera ser más piedra. Si bien el aumento de peso colabora en la resistencia que ella le ofrece a la Corriente, también vuelve cada vez más difícil su desplazamiento.


***

Un día sus ideas empezaron a acercarse y ordenarse de un modo . Él mismo confesaría después que jamás había advertido que esos elementos, ese oxígeno de su pensamiento albergaba posibilidad de una ciencia. Que esas ideas siempre habían ansiado una ciencia. Se habían dispuesto y alineado Como el objeto que postula la fotografía. La realidad de esas ideas se había puesto en foco. Que no era más que cierta relación. ERa una imagen desde la que el mundo podía volver a mirarse. Y como toda máquina fotográfica lo que vuelve a reproducir es el agujero por el que el mundo puede verse. No era ni una imagen, era una perspectiva. EL filósofo había encontrado una Perspectiva. Una perspectiva absoluta. Era el ojo de Dios.

Pensar era para él trepar el horizonte. Algo imposible. Una aspiración del ascenso que arruge con sus ilusiones la horizontalidad de lo real. que redimía la imanencia de lo real.

Canto XII

Descenso


Los invito
al descenso
trepen la profundidad
ahonden en la superficie.

apaguemos una parte del mundo
un poco de oscuridad
para alumbrar el universo,
entren en alguna
habitación cerrada
que conozcan
sin abrir la puerta

pisen sobre lo desconocido,
y acomodense/encallen
en el silencio.
mientras
ella canta

Corran
necesito que se pierdan
para salirlos a buscar

Arremolinen la quietud
y abríguense
pienso levantarles la fiebre

No voy a empezar
hasta que nos sienta
que sus ojos me recorren debajo
de mi piel


Aquí está la ausencia de mí,
lo que ustedes ven,
una constante despedida,
mi alejarme inexorable de lo que soy.

Vengo como un eco
de lo que aún no ha sido dicho
a su encuentro.

Yo sé que ustedes
como Ulises
me pretenden.
Amante soy
de los que vienen
a perderme,
Palabras sólo tengo
para los que no pretenden
hablar
sino ser hablados.
Anatomía de sombras,
orquesta de silencios
abrazan los que
pretenden hallarme.
No vengan a buscarme
vengan a perderme.


Los nombres que vienen a nombrarme
intentan en vano posarse sobre mi.
Soy una rama que siempre
estuvo caída
en la herida dle mundo.
Soy la llama que alienta
toda palabra antes
de ser dicha.
Mi llamear es un llamar,
y el llamado
que al oído de hombre
arrimo,
arremolina la
calma de las palabras
sobre las que pisa.

Soy la agitación del agua
sin ser las olas

ellas a mí vienen
a refrescar sus
broncas
a alimentar
sus odios.
Como el agua soy
para los que mucho
quieren de mí tomar
les espera el ahogo,
y
como el agua soy
para los que
han hecho
de su vida un desierto


Soy invertebrada como el agua
licué mis huesos
para hacer
del movimiento carne
para mudar mi piel
en cada respiración
para perder la espalda
de lo que no se ve.

Mis Odiseos,
¿por qué sino por temor
eligen la sordera?
Tengo un consejo para darles,
no hay mejor resistencia
que entregarse
a lo irresistible.
¿Cuándo decidieron
dejar de oír?
Quiero construir
un templo en sus oídos,
y rezarles
hasta la creencia.

No deberías
creer tanto en tu astucia
No deberías
decir lo que no
te gusta escuchar
No deberías
dejar de perderte
si te querés encontrar
No deberías
creer que todavía tenés
lo que te costó alcanzar
No deberías
No deberías
saber tanto
si querés todavía aprender
No deberías
amar
No deberías
amar
a quien no lo merece
No deberías
olvidar que sos bello
para enamorar
No deberías
dejar de cansarte
dejar de fracasar
No deberías creer
que ya sabés besar

No deberías





aceptar lo que otro
dijo por vos
No deberías haberle
dicho que no
No deberías dejarte

Mis palabras
están genitalizadas
no tengo otros genitales
que esto que digo

serpiente
danza del vientre
.

Ella es Musa, la obra debería servir de Musa de otras obras. Inspirar.

***

De la bañadera asoman un puñado de serpientes. Su vientre es fosa de serpientes. ¿Devoradora o se entrega al sacrificio? Quiere ser devorada.

Las palabras son un cuerpo en mi cuerpo. Cascabelean en su interior. Al final ella decide arrojar pedazos de carne hacia el público. Ofrece su sacrificio al resto de los hombres.

***

En el Canto XII de la Odisea, a Ulises se le ocurre un ardid para oír el canto de las sirenas. Las embarcaciones que caían en el embrujo de esas voces terminaban estrelladas contra las piedras de la isla. La trampa es sencilla. Tapar con cera los oídos de los tripulantes de la embarcación, y hacerse atar al mástil. De modo que así podría escuchar las melodías irresistibles de
Intenta sortear con la astucia de la razón, la tentación de la poesía. El Director

Quizás para él se trata más de responder a una obsesión personal que de intervenir en la historia de la cultura.

***

Un día el Director comenzó a hablar a través de aforismos. Como rápidamente compendió la Actriz que intentaba sgeuir lo que él decía, daba la sensación de que hablaba en chino. Y no estaba equivocada. Atravesado por las lecturas orientales, el Director daba sentencias. Hablaba al modo de Confucio. uU pensamiento había encauzado en esa forma sintética y breve. Cuando terminaba de hablar la Actriz suponía que la frase continuaría. Sin embargo, lo que después seguía era silencio. Se notaba que el Director respiraba distinto. Estaba más en la respiración. POr eso su silencio y sus palabras parecían estar más respiradas.
Lo que decía estaba también atravesado por la forma. Hablaba de la guerra (tsu el arte de la guerra). y el lao tse


***

Entre sus notas, el Director no es necesariamente sincero. Quizás para darse esperanza desfigure un poco los hechos. Dice que a pesar de que las cosas salieron al revés de lo pensado, la resistencia de la Actriz se ve más clara. Será más fácil trabajarla. Podría pensarse que eran resistencias suyas con respecto a la aceptación de un fracaso.
En otras parece que intentara ordenar lo que piensa acerca del teatro. En alguna de ella él mismo dice, que cada ensayo pone a prueba sus definiciones y lo que él entiende por teatro. Y es natural que así sea, si sus conceptos se desprenden de la práctica de esos ensayos. Lo que no se entiende es su malestar cuando esto ocurre, elementos del ensayo contradicen sus teorías.
Sin embargo, en alguna de ellas su honestidad es tal, que parece que se levantara la piel para que se vea el rojo de su carne.


***

En algún ensayo, el Director dejará de ver las marcas. Caerá en las trampas que él mismo ha dispuesto. Será seducido por la Actriz. Entonces sabrá que el momento de estreno ha llegado.


***

El Director mira la escena. Está inmerso en la acción de las luces, en el cuerpo de la Actriz, en la sonoridad del texto, el ritmo escénico. Él también está actuando. No detiene el ensayo para marcar y dar direcciones. Rumbea lo que pasa hacia un lugar y hacia otro. La Actriz se apoya en esas líneas para extenderlas. Si ella solicita una ley, será para pervertirla. Los extravíos a veces son tan grandes que el Director si tuviera tiempo se asombraría. Pero él no está, o mejor digamos que está en lo que va a venir. Más que mirar la escena debe olfatearla. Ver por dónde hay que seguirla, derivarla. En lo que está pasando está la cifra de lo siguiente. Brazada tras brazada le ganan terreno a lo desconocido.
A veces cuando termina un ensayo, a pesar del cansancio, sienten que estuvieron cerca. Aún no saben de qué, pero entendieron algo de la proximidad. Cuando se los ve tristes y desorientados después de un ensayo, se debe suponer lo contario. Estuvieron lejos, pero por haber estado siempre demasiado cerca de lo conocido. Se reprochan, el cansancio les pesa más.

Jamás dirige sentado en una silla. Camina, grita, susurra cosas al oído de la Actriz. Por eso, si se los viera ensayando pensaría que la Actriz y el Director respiran al mismo tiempo.

***

Acostada en la bañadera, el cuerpo cabe. Klimt la hubiera imaginado así. Doblada de modo tal que suponerle huesos a su cuerpo sería antibiológico.


***

En algún momento, Lidia interpreta con su violín una obra de Bach. Apoya el mentón y el costado del cuello izquierdo sobre la madera del instrumento. Extiende hacia afuera un poco su hombro para armar una V perfecta con su brazo.


***

Cómo se llega a ser lo que fue. Se puede tener la sensación de que el pasado no pasó del todo. Como si la época hubiera sido menos que lo que podía pasar en ella. Es ser injusto con la Historia, el Director lo sabe. Ese handicap del pasado con respecto al presente, esa distancia que abre el alejarse en el tiempo permite pensarlo. La Historia podría haber prosperado por otros lugares, quizás más creativos. Es una sospecha que el Director pretende realizar. Detectar en el pasado materiales que no fueron trabajados por los que vivieron en su època. Les reprocha a esos hombres cariñosamente esa desatención. Esos elementos han quedado preñados de presente. Y su reactividad es inmensamente ambiciosa. Tienen la fuerza de la revancha, de la venganza. Para el Director digamos, la Historia no es lo que pasó, sino lo que fue posible. Y por lo tanto es el pasado que aún no ha sido y niega el acartonamiento de los acontecimientos pasados.

***

La obra buscó el apoyo de un subsidio para su realización. No pidieron mucho, lo imprescindible juraron. Pero los tiempos del Estado son otros. Y así pasaron meses sin tener respuesta. Las primeras semanas esperaron ansiosos la asignación. A medida que pasaban los días, lo que era probable se volvió cada vez más probable. Quizás porque al principio no lo era del todo, sospechaban equivocadamente su segura aprobación. Por ello también se decidieron presentarse a la fatiga de los trámites.

***


No la vemos, la sospechamos. Está en la bañandera debajo del agua. Puede aguantar la respiración varios minutos. Es entrenamiento. Si se aprietan las fosas nasales para evitar que se llenen los pulmones de agua se pierde fuerza. Y con ella oxígeno. No debe pensarse en la respiración, simplemente se está.

***

Nunca sabremos, si lo que los hombres oyeron como el canto de las sirenas, no era en realidad, la rompiente de las olas en el mar.