ensayar la escritura

El cautiverio de la imagen

retrato del artista

Decía que la Gioconda pasaba a un metro y medio de distancia. Allí se dejaba de verla, la obra te miraba. El temor que su mirada producía cegaba la visión. Un artista en sus cuardros no podía dejar de pintar una sola cosa: su mirada. Que es como querer ver lo imposible: la mirada propia. Otro modo de ser Dios. Por ello, muchos artistas rápidamente abandonan el realismo. Para cualquiera es evidente que en los objetos del mundo exterior no es posible hallar su mirada. Como las pinturas en última instancia no dejan de ser un objeto del mundo exterior, la satisfacción será incompleta. La mirada no está en los ojos. Tampoco en el cuadro. La mirada es lo que pasa. Y para que pase necesita estar bordeada. Todo artista sabe que si pinta la mirada, pinta el mundo. Porque todo pasa en ella. Por supuesto que el mundo no cabe en ella, ella pasa dijimos. Es inasible. Abre el mundo para que suceda lo visible.