ensayar la escritura

El cautiverio de la imagen

La obra

Abajo, los Obreros descargan bolsas de Portland del camión. Desde la ventana, el Patrón/el Modelo/Dueño siente envidia ineludible por esos cuerpos. Hay algo del Gimnasio, de ese ejercicio al que se entrega con religiosidad todas las mañanas que resulta insuficiente. Estimulado sólo por la persecusión de una imagen de sí mismo bella, falsea la actividad. La vuelve insincera. A diferencia de los deportistas con los que comparte la Sala de Máquinas, su trabajo muscular no está consagrado a ningún deporte. Es fácil reconocer en alguien que entrega la mayor parte de la Rutina a las máquinas para cuádriceps y gemelos, a un futbolista por ejemplo. Y en su caso, el trabajo que realiza en el Gimnasio sólo se realiza verdaderamente cuando juega al fútbol. Es otra actividad la que vuelve justificada esa hora y media de ejercicio. Por eso el Dueño, de alguna manera los desprecia. El Gimnasio para ellos no es un fin en sí mismo. Su verdad es subsidiaria. Y tiene razón. Aunque de algún modo, el Dueño también podría ser juzgado por lo mismo. Él consagra ese trabajo al embellecimiento de su Imagen. Acercar su imagen a la imagen que le propone su Ideal. Una tarea imposible. El Deporte de la Imagen.

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Piensa en eso, y en lo Otro.

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Verlo de buen humor, es más difícil que matar a un muerto.

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Sólo en un pueblo chico pudo gestar en un hombre semejante delirio de grandeza.